top of page

De la Perdida al Renacer: Mi Historia, Tu Inspiración.

  • Foto del escritor: Araceli Alvarez
    Araceli Alvarez
  • 17 dic 2024
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 3 ene



Hubo un momento en mi vida en el que todo lo que creía estable se quebró. No de forma ruidosa, sino con ese silencio profundo que deja una pérdida cuando no solo se va una persona, sino una historia entera.


Después de 25 años de matrimonio, tres hijos y una vida construida alrededor de sueños compartidos, atravesé una ruptura amorosa que marcó un antes y un después en mi existencia. No fue solo el final de una relación; fue el derrumbe de una identidad, de una estructura interna, de la versión de mí que había aprendido a sostener durante años.


Durante ese proceso conocí emociones que no se explican con facilidad: la confusión que te hace dudar de todo, la impotencia de no poder cambiar lo que ya ocurrió, la tristeza que se instala en el cuerpo, el miedo a lo desconocido, la ansiedad frente a un futuro que dejó de tener forma.


Por momentos sentí que había perdido el control, el rumbo y hasta el sentido. El mundo seguía avanzando, pero yo estaba detenida en una pregunta silenciosa: ¿Quién soy ahora que esto se rompió?


No fue un camino rápido.Tampoco lineal. Y mucho menos perfecto.

Hubo días de claridad y otros de profunda oscuridad. Días en los que parecía avanzar y otros en los que el dolor regresaba con fuerza. Pero, poco a poco, entendí algo que cambió mi manera de mirar lo vivido: el dolor no había llegado para destruirme, sino para mostrarme lo que necesitaba ser mirado.


Ese quiebre se convirtió en un maestro incómodo, pero honesto.

Me llevó a detenerme. A escuchar mi cuerpo. A reconocer mis emociones sin huir de ellas. A mirar heridas antiguas que no habían nacido en esa ruptura, pero que se habían activado con ella. A cuestionar creencias, expectativas y formas de amar que ya no eran sostenibles.

Aprendí a amarme de una manera distinta: no desde la exigencia, sino desde la presencia. Aprendí a soltar la necesidad de aprobación externa. Aprendí que sostener a otros no puede implicar abandonarme a mí. Aprendí que el amor propio no es egoísmo, sino raíz.


Con el tiempo —y con un proceso profundo de trabajo interno— el dolor comenzó a transformarse. No desapareció de golpe, pero dejó de dirigir mi vida. Empezó a convertirse en comprensión, en conciencia, en fuerza interna.


Hoy puedo decirlo con verdad y sin romantizar el sufrimiento: es posible transformar el dolor en crecimiento. Es posible aprender a renacer después de una pérdida. No volviendo a ser quien eras, sino convirtiéndote en alguien más consciente, más honesto y más en contacto consigo mismo/a.


De esa experiencia, unida a mi formación en Psicología Positiva, Tanatología, Logoterapia, mindfulness, Programación Neurolingüística y gestión emocional, nació el Método ARA: Amarte, Reconocerte y Aprender para Renacer. No como una teoría, sino como un camino vivido.


Hoy acompaño a personas que atraviesan rupturas, duelos y procesos de reconstrucción emocional desde un lugar real: el de alguien que también tuvo que aprender a volver a sí misma cuando todo parecía haberse perdido.


Si estás leyendo esto y te encuentras en medio de una pérdida, quiero que sepas algo importante: no estás rota/o. No estás tarde. No estás fallando/a.

Estás en un punto de transformación.

Y aunque ahora no lo veas con claridad, hay una parte de ti que sabe aprender a renacer.

Comentarios


bottom of page