top of page

Entenderlo no siempre significa poder cambiarlo

  • Foto del escritor: Araceli Alvarez
    Araceli Alvarez
  • hace 3 días
  • 3 min de lectura


Hay algo muy frustrante en los procesos emocionales: a veces entendemos perfectamente lo que nos pasa…y aun así seguimos actuando igual.


  • Sabemos qué nos hace daño.

  • Sabemos qué relaciones nos desgastan.

  • Sabemos qué patrones repetimos.

  • Sabemos incluso qué deberíamos hacer diferente.



Y aun así:

  • seguimos postergando,

  • seguimos reaccionando igual,

  • seguimos paralizándonos/as,

  • seguimos pensando demasiado,

  • seguimos atrapados en dinámicas que ya no queremos vivir.



Y eso puede hacer que una persona se sienta:

  • incongruente,

  • débil,

  • frustrada/o,

  • decepcionada consigo misma, conmigo mismo.

Porque racionalmente “ya entendió”.

Entonces aparece la pregunta:

Si ya lo entendí… ¿por qué sigo igual?


Y aquí hay algo muy importante: entenderlo no siempre significa que el cuerpo ya se siente seguro para cambiarlo.


Muchas veces la mente comprende algo mucho antes de que el sistema emocional pueda sostenerlo.

Porque el cuerpo también aprende.

Aprende:

  • miedo,

  • rechazo,

  • abandono,

  • tensión,

  • hipervigilancia,

  • necesidad de control,

  • formas de sobrevivir emocionalmente.

Y aunque hoy las circunstancias sean distintas…el sistema sigue reaccionando desde experiencias viejas.


Por eso muchas personas viven peleándose con ellas mismas:

  • ¿por qué sigo sintiendo esto?

  • ¿por qué no puedo moverme?

  • ¿por qué vuelvo a lo mismo?

  • ¿por qué me cuesta tanto cambiar?

Y la mayoría de las veces no es falta de inteligencia emocional.
Es que durante años el cuerpo aprendió que ciertas conductas eran necesarias para sentirse seguro.

Por ejemplo:

  • evitar conflicto,

  • sobrepensar,

  • complacer,

  • controlar,

  • adaptarse demasiado,

  • quedarse donde ya sabe sobrevivir.

No porque realmente nos hicieran felices…sino porque nos ayudaban a soportar emocionalmente lo que vivíamos.

Y aunque hoy esas conductas ya nos desgasten…el sistema sigue usándolas automáticamente.


  • Por eso sanar no ocurre solamente desde el análisis.

  • Porque llega un punto donde seguir entendiendo ya no basta.

  • La transformación real empieza cuando comenzamos a vivir experiencias emocionales nuevas.


Cuando poco a poco el cuerpo descubre:

  • que poner límites no destruye el amor,

  • que equivocarse no significa perder valor,

  • que podemos sentir miedo y aun así movernos,

  • que descansar no es peligroso,

  • que ya no tenemos que vivir sobreviviendo todo el tiempo.

Y eso toma tiempo.


Porque sanar no es convertirte en otra persona.

Muchas veces sanar es: dejar de reaccionar automáticamente desde heridas viejas.

Y honestamente…eso requiere muchísima paciencia y compasión con uno mismo.


Porque hay patrones que no nacieron para destruirte.

Nacieron para protegerte.

El problema es que hoy quizá ya no necesitas vivir desde ellos.


¿Cómo empezar a trabajar esto?


1. Deja de preguntarte solo “¿por qué?”

Muchas personas viven intentando entenderse desde la mente.

Pero a veces las preguntas más importantes no son:

  • ¿por qué soy así?

  • ¿qué me pasa?

Sino:

  • ¿qué parte de mí se está intentando proteger?

  • ¿qué emoción me cuesta sostener?

  • ¿qué siento que podría pasar si cambio?

Eso ayuda muchísimo más a conectar con la raíz emocional.

2. Aprende a identificar cuándo reacciona tu herida… y cuándo reaccionas tú

A veces no estamos reaccionando al presente.

Estamos reaccionando a:

  • rechazo viejo,

  • abandono,

  • miedo,

  • tensión emocional acumulada.


Por eso es importante hacer pausas y preguntarte:

¿Esto pertenece completamente al presente…o hay algo de mi historia activándose aquí?

Esa conciencia cambia muchísimo.


3. Empieza a darle al cuerpo experiencias nuevas

El sistema nervioso cambia más por experiencia que por explicación.

Por eso sanar también implica:

  • hacer algo aunque haya miedo,

  • poner límites pequeños,

  • tolerar incomodidad sin huir,

  • dejar de explicarte tanto,

  • permitirte descansar,

  • recibir ayuda,

  • elegirte aunque aparezca culpa.


No necesitas hacerlo perfecto.

Necesitas empezar a demostrarte: puedo vivir diferente.

4. No confundas familiaridad con paz

Muchas personas permanecen en dinámicas que les duelen porque emocionalmente les resultan conocidas.

Y el cuerpo muchas veces confunde: conocido = seguro.

Por eso es tan importante preguntarte:


¿Esto realmente me da paz…o solo se parece a lo que siempre he vivido?


5. Deja de tratarte como si estuvieras rota/o

Hay respuestas emocionales que hoy te desgastan…pero que alguna vez intentaron ayudarte a sobrevivir.

Y mirarte desde esa comprensión cambia muchísimo el proceso. No para justificar todo. Sino para empezar a acompañarte diferente


Tal ves no estás atrapada/o porque no quieras cambiar.

Tal vez hay partes de ti que todavía tienen miedo de vivir diferente.

Y eso no significa que estés rota/o.



Significa que tu cuerpo aprendió a sobrevivir de cierta manera…y ahora poco a poco puede aprender algo nuevo también.


Porque sí es posible dejar de vivir reaccionando desde heridas viejas.

Y quizá sanar no se trata de convertirte en alguien más.


Quizá se trata de empezar a sentirte lo suficientemente segura/o…para finalmente ser tú 🤍


 
 
 

Comentarios


bottom of page