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Cuando una pérdida nos invita a cambiar: el valor de reconstruir nuestra vida

Foto del escritor: Araceli Alvarez
Araceli Alvarez
hace 3 horas
7 min de lectura

Hay momentos en los que perder algo también nos lleva a preguntarnos qué necesitamos recuperar de nosotros mismos.


A veces la vida cambia sin pedirnos permiso.


Una separación, la muerte de alguien querido, la pérdida de un trabajo, una enfermedad o el final de una etapa pueden alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo.


No solamente perdemos a alguien o algo importante. En ocasiones, también perdemos la seguridad de lo conocido, los planes que habíamos construido y una parte de la identidad con la que nos reconocíamos.


Y entonces aparece una pregunta que quizá nunca nos habíamos hecho con tanta profundidad: ¿Quiero seguir viviendo de la misma manera que antes?

Esta pregunta no siempre surge de inmediato. A veces llega después del desconcierto, de la tristeza o de muchos intentos por recuperar lo que ya cambió.

Sin embargo, puede convertirse en el comienzo de un proceso de autoconocimiento y transformación.


No porque la pérdida haya sido necesaria, sino porque, frente a una realidad que no podemos cambiar, todavía podemos descubrir nuevas maneras de relacionarnos con nuestra vida.


Cuando perdemos algo, también cambia nuestra manera de mirarnos



Las pérdidas tienen una característica que pocas veces reconocemos: pueden poner en evidencia aspectos de nuestra vida que antes no cuestionábamos.




Pensemos en una mujer que, después de muchos años de matrimonio, enfrenta una separación.


Durante gran parte de su vida ha organizado sus decisiones alrededor de su familia, de las necesidades de otros y de un proyecto compartido.


Cuando esa relación termina, además del dolor por la ausencia, puede descubrir que ha dejado de preguntarse qué desea, qué necesita o qué cosas le dan sentido a su propia existencia.

Quizá había aprendido a cuidar de todos, pero no sabía cómo cuidarse a sí misma.

Tal vez había confundido la estabilidad con la costumbre, o el amor con la necesidad de mantener todo unido.


Esto no significa que su vida anterior haya sido equivocada. Significa que las circunstancias han cambiado y que ahora necesita conocerse desde una realidad diferente.


A veces, el cambio más importante no consiste en construir una vida completamente nueva, sino en aprender a participar conscientemente en la vida que tenemos.

¿Qué nos enseña la psicología positiva sobre las pérdidas?

La psicología positiva no propone vivir permanentemente felices ni encontrar algo bueno en todas las experiencias dolorosas.


Martin Seligman ha estudiado cómo las personas pueden desarrollar bienestar a través de elementos como las emociones positivas, el compromiso, las relaciones significativas, el sentido y los logros, integrados en su modelo PERMA.

Desde esta perspectiva, atravesar una pérdida no significa que debamos sentirnos bien inmediatamente.


Significa reconocer que, aun cuando una parte importante de nuestra vida se ha visto afectada, podemos cuidar y reconstruir gradualmente otras dimensiones de nuestro bienestar.

Por ejemplo:

  • Recuperar actividades que nos conecten con nuestras fortalezas.

  • Cultivar relaciones en las que podamos sentirnos escuchados y acompañados.

  • Reconocer pequeños avances, aunque todavía exista tristeza.

  • Identificar valores que puedan orientar nuestras decisiones.

  • Descubrir nuevas fuentes de sentido.


Barbara Fredrickson, a través de su teoría de ampliación y construcción, explica cómo las emociones positivas pueden ampliar nuestros recursos de pensamiento y acción.

Esto no quiere decir que la gratitud o la esperanza eliminen el duelo.


  • Quiere decir que experimentar pequeños momentos de serenidad, interés, conexión o alegría puede ayudarnos a recuperar recursos psicológicos mientras atravesamos situaciones difíciles.

  • Podemos sentir tristeza por lo que perdimos y, al mismo tiempo, comenzar a sentir esperanza por lo que todavía podemos construir.


Ambas experiencias pueden coexistir.


No todas las pérdidas nos transforman, pero pueden abrir una posibilidad

Existe una idea muy difundida: que el sufrimiento nos hace más fuertes.


Sin embargo, no siempre es así.




Algunas pérdidas dejan cansancio, miedo, desconfianza o una profunda sensación de vulnerabilidad.




Por eso es importante distinguir entre sufrir y crecer.


El crecimiento no ocurre automáticamente por haber vivido algo difícil. Puede surgir de la manera en que procesamos la experiencia, del apoyo que recibimos, de los recursos que desarrollamos y de las decisiones que tomamos con el tiempo.


Las investigaciones sobre crecimiento postraumático de Richard Tedeschi y Lawrence Calhoun han explorado cómo algunas personas reportan cambios positivos después de enfrentar experiencias profundamente difíciles.


Entre esos cambios pueden encontrarse una mayor apreciación de la vida, nuevas posibilidades personales, relaciones más significativas y una comprensión diferente de las propias fortalezas.


Pero crecer no es una obligación.


Nadie necesita demostrar que una pérdida lo convirtió en una mejor persona.


El verdadero cambio comienza cuando dejamos de exigirnos estar bien y empezamos a preguntarnos qué necesitamos para vivir de una manera más consciente.

Cuando no podemos cambiar lo sucedido, podemos revisar cómo queremos continuar.

Viktor Frankl, desde la logoterapia, nos invita a reflexionar sobre la capacidad humana de encontrar sentido incluso en circunstancias que no hemos elegido.


Esto no significa que podamos controlar nuestras emociones ni que siempre tengamos libertad para modificar nuestras circunstancias.

Significa que, dentro de nuestras posibilidades reales, podemos explorar qué decisiones y actitudes expresan mejor nuestros valores.

Después de una pérdida, quizá no podamos recuperar una relación, regresar a una etapa anterior o cambiar lo sucedido.


Pero podemos comenzar a preguntarnos:


  • ¿Qué es importante para mí ahora?

  • ¿Qué aspectos de mi vida he dejado de atender?

  • ¿Qué necesito aprender para relacionarme de otra manera conmigo y con los demás?

  • ¿Qué valores quiero que orienten esta nueva etapa?


Encontrar sentido no consiste necesariamente en comprender por qué ocurrió una pérdida.


A veces consiste en descubrir para qué queremos utilizar la vida que todavía tenemos por delante.

Aprender a cambiar sin rechazarnos: la importancia de la autocompasión

Cuando una pérdida nos hace revisar nuestra historia, es frecuente que aparezcan pensamientos como:


  • ¿Por qué permití tantas cosas?

  • ¿Por qué no me di cuenta antes?

  • ¿Por qué dejé de pensar en mí?


Estas preguntas pueden ayudarnos a comprender ciertos patrones, pero también pueden convertirse en una forma de castigarnos por decisiones que tomamos con los recursos y la comprensión que teníamos entonces.


Kristin Neff, investigadora de la autocompasión, propone relacionarnos con nuestras dificultades desde tres elementos: amabilidad hacia nosotros mismos, humanidad compartida y atención consciente a nuestras experiencias.

La autocompasión no significa justificar todas nuestras decisiones.

Significa reconocer que podemos asumir responsabilidades y aprender sin tratarnos con desprecio.



En lugar de decirnos:

«Perdí tantos años de mi vida».


Podemos explorar otra perspectiva:

«Durante esos años viví, elegí, aprendí y también dejé algunas necesidades sin atender. Hoy puedo reconocerlas y comenzar a hacer algo diferente».


No estamos cambiando los hechos.




Estamos cambiando la manera en que nos relacionamos con nuestra historia.

Y esa diferencia puede abrir nuevas posibilidades.


Del dolor a la conciencia: una mirada desde el método ARA

En AraHolística trabajo con el método ARA: Amarte, Reconocerte y Aprender para Renacer.

Sus tres pilares ofrecen una manera de acompañar los cambios que pueden surgir después de una pérdida.


Amarte: acompañarte en lugar de abandonarte

Amarte no significa sentirte bien todos los días.

Significa aprender a reconocer tus necesidades, respetar tus emociones y ofrecerte el cuidado que necesitas mientras atraviesas una etapa difícil.

Es dejar de exigirte que todo vuelva a ser como antes y comenzar a preguntarte cómo puedes cuidarte en el presente.


Reconocerte: mirar tu historia con honestidad y compasión

Reconocerte implica observar quién has sido, qué has aprendido, cuáles son tus fortalezas y qué patrones deseas transformar.

No se trata de juzgar tu pasado, sino de comprenderlo.

A veces descubrimos que hemos vivido buscando aprobación, evitando conflictos o intentando cumplir expectativas que ya no representan nuestros valores.

Reconocerlo nos permite comenzar a elegir con mayor conciencia.


Aprender para Renacer: transformar la comprensión en decisiones

Renacer no significa convertirnos en alguien completamente distinto.

Significa integrar lo vivido y permitir que esa comprensión se refleje en nuestra manera de actuar.

Quizá el cambio comience al establecer un límite, recuperar una actividad olvidada, pedir ayuda, expresar una necesidad o tomar una decisión que llevábamos tiempo posponiendo.

Los cambios pequeños también pueden representar transformaciones profundas cuando responden a una elección consciente.


Un ejercicio para comenzar: ¿qué me está mostrando esta pérdida?

Busca un momento tranquilo y escribe tus respuestas sin exigirte encontrar soluciones inmediatas.


1. Reconoce lo que cambió.

¿Qué perdí realmente con esta experiencia?

Además de la persona, situación o etapa, ¿qué expectativas, rutinas o certezas se modificaron?

2. Observa lo que descubriste.

¿Qué aspectos de mi vida he comenzado a mirar de otra manera?

¿Hay necesidades personales que antes no reconocía o que había dejado en segundo plano?

3. Identifica lo que deseas conservar.

¿Qué valores, relaciones, aprendizajes y fortalezas siguen siendo importantes para mí?

No todo lo anterior necesita desaparecer para que pueda comenzar una nueva etapa.

4. Elige una pequeña acción.

¿Qué puedo hacer esta semana para vivir de una manera más coherente con lo que hoy necesito y valoro?

No busques una transformación extraordinaria.

Busca una acción posible, significativa y respetuosa con tu momento emocional.


Una reflexión para acompañarte

No necesito agradecer aquello que me dolió para reconocer lo que he aprendido.

Puedo honrar lo vivido sin permanecer atada a lo que ya cambió.

Hoy me permito escucharme, reconocer mis necesidades y construir, paso a paso, una vida que también tenga espacio para mí.


La vida después de una pérdida no tiene que ser igual

Hay pérdidas que modifican nuestros planes, nuestras relaciones y nuestra manera de comprender el mundo.


Algunas dejan preguntas que tardamos mucho tiempo en responder.


Otras nos muestran que llevábamos años viviendo de una forma que ya no correspondía con nuestras necesidades.



Pero no tenemos que apresurarnos a encontrar una enseñanza ni convertir el dolor en una historia de superación.

Podemos permitirnos vivir el duelo y, cuando estemos preparados, comenzar a explorar nuevas posibilidades.


Porque transformar nuestra vida no significa negar lo que fuimos.


Significa reconocer que nuestra historia continúa y que todavía podemos participar en la manera en que queremos vivirla.

Tal vez no elegimos la pérdida, pero podemos aprender a elegir cómo cuidarnos y qué queremos construir a partir de ahora.


En AraHolística te acompaño a explorar tu historia, comprender tus emociones y descubrir nuevas posibilidades de bienestar desde la psicología positiva, la logoterapia, la tanatología y el método ARA: Amarte, Reconocerte y Aprender para Renacer.


Referencias para profundizar

  • Seligman, M. E. P. (2011). Flourish. Free Press.

  • Fredrickson, B. L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56(3), 218–226.

  • Frankl, V. E. (2006). Man's Search for Meaning. Beacon Press.

  • Neff, K. D. (2003). Self-compassion: An alternative conceptualization of a healthy attitude toward oneself. Self and Identity, 2(2), 85–101.

  • Tedeschi, R. G., & Calhoun, L. G. (2004). Posttraumatic growth: Conceptual foundations and empirical evidence. Psychological Inquiry, 15(1), 1–18.

 
 
 

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